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Traje típico

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Traje típico
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El traje del indio consistió en una camisa larga y volante de tela de algodón blanca o de color crudo, sin adornos; unas zaragüelles o bragas, no muy largas y bastante anchas, que les llegaban hasta media pierna, sin portañuela o abertura por delante y sin botones; pero con dos aberturas laterales en ambas caderas, ciñéndose el calzón con cintas del mismo material.

Completaban esta vestimenta unas sandalias características de cuero de res o de venado, sujetas a los tobillos con cordeles de fibra de henequén, pasándose una cuerda entre el dedo mayor del pie y el siguiente. Un sombrero de paja les cubría la cabeza, trayendo el pelo corto.

En las indias, el fustán consistía en una larga enagua blanca de algodón, ajustada a la cintura, que caía hasta los pies. Y para cubrirles el busto usaban una especie de camisa o jubón blanco, sin formas ni pliegues, que caía sobre el fustán. Un amplio escote cuadrado descubría la parte del pecho y a los lados exhibía dos pequeñas aberturas para sacar los brazos, que quedaban desnudos. Llamaron a esta prenda hipil, que viene del mexicano uipilli, corpiño o peplo que usaban los indios aztecas. Actualmente los hipiles llevan bordados de colores, estampados, grecas, deshilados que llaman xmanikté o xokbil-chuy (hilo contado o punto de cruz).

Concluía la indumentaria de las indias, tocándose la cabeza con una manta blanca de algodón, llamada toca, con la que no solamente se cubrían la cabeza sino las mejillas, busto y brazos.

Usaban también collares de cuentas y rosarios de abalorios rojos, intercalando en la sarta, amuletos tallados en hueso y dientes de jabalí.

Consiste hoy el traje clásico de los mestizos varones en una camisa larga de tela blanca, de mejor calidad que la de los indios, finamente planchada, que suelta en faldas volantes, les llega hasta medio muslo. Un pantalón de dril o lienzo fuerte blanco, almidonado y planchado que termina en ancha boca de campana, pero que antes era angosto y les llegaba hasta los pies. Sandalia (alpargata) de lujo de buena piel, sujeta al tobillo con correas pespunteadas y charoladas y suela gruesa de dos o tres capas de cuerpo, que rechinan al andar.

Usan sombrero de paja tipo jipijapa o panamá, fabricado en el Estado; al hombro y sólo cuando hace un poco de frío, usan una vistosa cobija o jerga de vistosos colores y con flecos, llamada en el país con su nombre extranjero: "plaid".

La pechera de flamante camisa va sujeta con botones de oro, pendientes de una cadenilla del mismo metal que los une a todos por dentro de la camisa. Este es el traje de lujo de los mestizos.

El traje de trabajo, se compone de un calzón blanco de lienzo fuerte y camiseta de tela de algodón blanco o de un tejido de calceta o punto de media. Se ciñen, además, para el trabajo, un delantal de cotí (cottin) azul o a rayas: tela de lienzo grueso que se usa comúnmente para colchones.

El traje de la mestiza consiste en un huipil de batista de lino, de fino algodón de seda, siguiendo en todo el modelo de las indias: jubón cuadrilongo que cae volante, con dos aberturas laterales que por el ancho de la prenda simulan unas mangas cortas, quedando los brazos desnudos; un amplio escote cuadrado descubre la parte de pecho, dejando desnudo el cuello. Este escote, en sus orillas, lo mismo que los bordes de la camisa, va orlado de cenefas bordadas de vivos colores, en variadísimas labores, desde el bordado de punto de cruz (xokbil-chuy) y el de seda estilo inglés, hasta el de pinturas y miniaturas al óleo. En otros, el cuello es postizo, con flores estampadas y con encajes de Holanda y Chantilly. Les llega hasta media pierna y su borde inferior cae con gracia. El fustán, que se ciñe al talle y que sobresale bajo el huipil, tiene los mismos adornos y cenefas que éste y con él hacen juego, contemplándose ambos adornos uno debajo del otro.

Antiguamente, las mestizas se cubrían la cabeza cuando iban de paseo o a la iglesia, con una toca blanca bordada en punto: evolución perfeccionada de la manta blanca usada por las indias durante la época colonial. En el último tercio del siglo XIX fue substituida por el rebozo de color, corriente en las mestizas de escasos recursos, y lujoso en las que pueden costearlo. Hoy está de moda entre las mestizas pudientes el rebozo de seda de bolita y el llamado de Santa María, de preciosos colores, tejido en las fábricas de Puebla.

Se adornan el cuello con largos y lujosos rosarios de filigrana de oro y gruesas cuentas de coral, labrados por artífices del país, colgando en ellos moneditas y doblones de oro de gran valor, denominados escudos y unas pesadas cruces de filigrana, primorosamente labradas, en el extremo de los largos rosarios, que les llegan al vientre. Al mismo tiempo se ponen collares y cadenas de oro de dos vueltas. Se recogen el cabello en un gracioso peinado que llaman t'uch, hacia atrás, en forma de martillo, atado en medio con un lazo de listón, y el pelo de delante echado atrás sin vereda. Algunas se dejan un copete con graciosos rizos. Usan grandes y largos aretes de filigrana de oro con piedras de colores, que hacen juego con el rosario. Estas piedras son auténticas o falsas, según las condiciones económicas de la portadora, pero la montadura siempre es de oro legítimo. Acostumbran usar sortijas en todos los dedos de las manos, de oro y vistosas piedras.

Tiempo atrás, el zapato que usaban era de raso o brocado de vistosos colores con adornos dorados, con tacón alto y la punta levantada en forma de gancho, imitando la babucha árabe; no usaban medias. Hoy, la mestiza, calza las mismas zapatillas que usa la clase blanca. Además, la mayoría usa medias.

El clásico traje ha pasado a la historia entre la mayoría de los mestizos, refugiándose en una mínima parte de ellos. Algunos, que todavía conservan sus tradiciones, se visten aún de mestizos, especialmente en sus bailes y saraos, pero la mayor parte usa hoy, en vez de la camisa larga blanca, la guayabera: una chamarra de origen cubano.

Igual ha pasado con el bello traje de las mestizas. Casi todas las auténticas se visten hoy a la última moda de las clases altas. Ha desaparecido en ellas el t'uch y el zorongo, sustituyéndolos los bucles; se han eclipsado los hermosos rosarios de coral y filigrana con gran cruz de oro, para lucir en su lugar las perlas falsas de bisutería y joyas de fantasía, y sólo les sirven sus trajes antiguos para disfrazarse en los bailes del Carnaval y en las vaquerías.

Fuente

D.R. Gobierno del Estado de Yucatán 2012-2018, México.
http://www.yucatan.gob.mx
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