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Las hamacas

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En todos los países cálidos de América se acostumbra usar la hamaca como columpio para descansar durante el día o para dormir la siesta; sólo en Yucatán se le emplea como lecho cotidiano, de tal suerte, que en Mérida, como en las demás poblaciones de Yucatán, sólo en ciertas casas ricas de algún confort y en los hoteles, tiene cada habitación su cama; pero en las demás casas de alguna importancia, tan sólo existe la cama matrimonial y el resto de la gente duerme en hamacas. En las casas humildes de los barrios y en las chozas de los indios se desconoce por completo la cama y sólo impera la hamaca.

Todas las habitaciones de las casas de Yucatán, desde las residencias de lujo hasta las humildes casas de paja, tienen fijos en las paredes unos ganchos destinados a colgar de ellos las hamacas. Primitivamente, en la época colonial, y hasta mediados del siglo XIX, eran unos zoquetes de madera terminados en forma de botón o bola que sobresalían de la pared, en los que se enlazaba el brazo que sostenía la hamaca. Posteriormente, se sustituyeron estos redondos y antiestéticos hamaqueros por argollas y ganchos en forma de S que son los que se usan en la actualidad y son llamados "eses de hamaca".

En las temporadas de playa se hace indispensable el uso de la hamaca y es utilísima, no sólo por la enorme facilidad de su transporte -ya que cabe en una pequeña maleta junto con la ropa-, sino que proporciona placer al veraneante al tender su hamaca, enlazando sus brazos entre los troncos de las palmeras y aspirar a pulmón lleno el oxígeno de la brisa marina y pasarse las horas muertas durmiendo la siesta maravillosamente.

La hamaca, cuyo nombre en haitiano, hamac, significa árbol, fue bautizada por los conquistadores con ese nombre por haber encontrado en las Antillas las primeras hamacas tejidas con filamentos de corteza de árbol. Después fue empleada para su confección la fibra de varios agaves. La hamaca consistía en una red formada de hilos gruesos y anchos claros, pendiente en el aire entre dos troncos de árboles a modo de bolsa colgante, para recostarse a descansar y para mecerse en vaivén entre sus mallas.

No pudiendo los residentes hispanos soportar el intenso calor de Yucatán, sobre todo en verano, idearon convertir en cama esa suave hamaca de Santo Domingo. Y de aquí que se extendió tan rápidamente su uso, que a los pocos años de gobierno colonial, hasta los indios más pobres y miserables abandonaron sus camas de palos, sus esteras de esparto y sus tramas de sogas, para descansar entre la mullida y fresca red de cómodas hamacas.

Y entonces comenzó a perfeccionarse el procedimiento en su confección. Las primeras hamacas eran casi semejantes a una red de pescar y sus aberturas eran muy anchas entre nudo y nudo. No fue sino en Yucatán cuando, urgido el colono por la necesidad de perfeccionamiento, comenzó a inventar nuevos tejidos o mallas hasta hallar el que perdura a la fecha y que consiste en hilos entrecruzados que se distienden o aprietan a voluntad.

Se urde la hamaca en un bastidor que consta de dos largos palos de madera, cilíndricos y perpendiculares, como de cinco centímetros de grueso por cerca de dos metros de largo, colocados paralelamente uno enfrente del otro, a una distancia de metro y medio o dos metros, según el tamaño que se quiera dar a la hamaca. Estos palos se encajan sobre bases de madera fuerte y están unidos entre sí por dos largueros horizontales que penetran en sendas hendeduras hechas en los mástiles, asegurándose con cuñas; y acercándolos o retirándolos, se gradúa el tamaño de la hamaca.

Se empieza la labor por rodear en forma de madeja los dos palos verticales del bastidor con el hilo que se va a utilizar para el tejido. Ya que hay bastante hilo enmadejado, se toma una aguja o lanzadera labrada en madera fuerte o en hueso, en forma de barquichuelo, calada en el centro y en la que se ha devanado previamente el hilo y comienza la tejedora a entrecruzar éste con los hilos de la urdimbre y poco a poco se va formando la trama de malla característica. Antes de comenzar a tejerse la trama, se teje un borde en forma original que es lo que constituye la orilla de la hamaca.

Una vez terminada de tejer la hamaca con todo y sus bordes, se le ponen los brazos, que consisten en una serie de hilos enganchados en la extremidad de la banda tejida, siendo de metro y cuarto de largo cada uno; y que se anudan en los extremos haciéndose con el mismo hilo una especie de argolla en forma de pera, por donde pasan los lazos que son dos sogas bien corchadas con nudillos o borlas en sus extremidades, que se emplean para amarrar y tender las hamacas ya entre dos troncos de árboles, entre dos palmeras en los puertos de mar, o en los ganchos o hamaqueros (en maya pol-kan, cabeza de serpiente).

Se elaboran seis clases de hamacas:

1. Las de mecate o hilo corriente, fabricadas de cordeles gruesos de henequén de malla ancha; son tan pequeñas que apenas cabe una persona. Son las que usan los indios y las cuelgan de los horcones de sus chozas.

2. Las de mecate más fino y de mayor tamaño. Es la hamaca de tipo corriente en el mercado.

3. Las de hilo fino de henequén, que se fabrican comúnmente en el pueblo oriental de Chemax y en los alrededores de la ciudad de Valladolid. Son muy grandes y pueden caber en ella cómodamente dos personas. El hilo con que se urden, corchado especialmente a mano por los mismos indios, es un prodigio de paciente labor, ya que se pasan días enteros formando un ovillo de hilo, a veces corchado con dos o tres hebras de henequén. Es la hamaca estándar de Yucatán, cómoda y fresca, llamada hamaca de Chemax. También se fabrican hamacas en otros puntos del Estado, como Tixkokob y sus alrededores, Homún, Hocabá, Umán y Maxcanú y pueblos circunvecinos.

4. La hamaca de cáñamo, filamento importado, que no se produce en la región. Se hacen de cáñamo corriente grueso, de malla ancha y de precio bajo; las tejen igualmente de cáñamo fino de pescar, llamado curricán. Son de tipo más fino.

5. También se fabrican hamacas de lienzo y de lona. Estas hamacas son las de campaña que se acostumbran llevar a viajes largos y son muy usadas entre los peones chicleros y cortadores de palo de tinte, que se las llevan a donde van, tendiéndolas en el bosque. Constan de una tela cuadrilonga y grande como de dos metros de largo por metro y medio de ancho, con ojillos en los extremos por donde se enganchan los hilos de los brazos. Resulta un catre colgado entre dos árboles.

6. La hamaca de hilera. Esta es la hamaca más fina que se teje en Yucatán. Se urde con un hilo finamente corchado de algodón o de lino, que viene en cajas de a seis carretes, de fabricación inglesa. Existe de dos gruesos, es de varios colores que se combinan arbitrariamente en bandas con el blanco, dando preciosos ejemplares matizados al capricho. Se hacen de regular tamaño con tres cajas de hilo y de tamaño más grande que se fabrican con cuatro cajas. Son más cómodas y cuestan más. Ésta es la hamaca de lujo. Los artífices realzan la belleza de este lecho colgante, añadiendo a los bordes unos festones o arandelas de encaje de fino crochet con borlas pendientes y moños de listón que hacen más atractivo y elegante el mueble.

Cuando la seda no había alcanzado tan alto precio se confeccionaban hamacas de seda para obsequios, pues para uso diario no eran prácticas. En la actualidad no se fabrican de seda, ni siquiera de imitación de seda; pues aparte de ser sumamente costosas, no serían prácticas, ya que al recibir la hamaca el peso del cuerpo que descansa en ella, debe hacerse escurridiza y eso no se consigue con los hilos de seda. En cambio, con el hilo de lino, o con la fibra de henequén, especialmente con esta última, se tiene un lecho cómodo y lujoso.

Fuente

D.R. Gobierno del Estado de Yucatán 2012-2018, México.
http://www.yucatan.gob.mx
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